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La llegada de un bebé a una familia se entiende como motivo de alegría y felicidad, sobretodo cuando se trata de un bebé buscado y deseado por parte de ambos progenitores. Un nuevo miembro ha llegado a la familia, y es un motivo de peso para desembarcar en una celebración por todo lo alto, sin embargo, con el paso de las primeras sonrisas y alegrías, con la vuelta a la rutina y al día a día, en ocasiones, también comienzan los cambios y las adaptaciones que no siempre son tan bien recibidas. La vida cambia con la llegada del primer hijo, las cosas ya no son como eran antes, no es una cuestión de ser mejores o peores, son diferentes, y no siempre nos sabemos adaptar a ellas de la mejor manera posible.
Se trata de comprender que la configuración familiar ha cambiado, de manera que ya no podemos seguir funcionando como lo hacíamos hasta ese momento, si no cambiamos hábitos para devolver la armonía a la convivencia y que el funcionamiento diario pueda fluir, podemos comenzar a caer en una acumulación de estrés al no llegar a cumplir todas las demandas que ahora exige el nuevo entorno. El cansancio al no llegar a cumplir con todas las obligaciones, la falta de sueño al despertarnos por la noche, el miedo a la nueva situación, la acomodación en la pareja, la falta de autocuidados o de organización son algunos de los aspectos que hay que trabajar para no convertir los problemas en otros más importantes aún, como la aparición de un trastorno depresivo, problemas de ansiedad o incluso la propia ruptura de la pareja.
Entonces, ¿por dónde empezamos? ¿En qué áreas debemos comenzar a realizar cambios? Las áreas a trabajar son la familia, la pareja, las necesidades individuales, el bebé o el trabajo entre otras. Los cambios que debemos aplicar dependerán mucho de las circunstancias de cada persona, no todo el mundo tiene las mismas posibilidades de acción en cada área, pero de tenerlas, sería interesante contemplar la posibilidad de un cambio en el horario laboral, organizar el tiempo libre entre la actividad conjunta familiar o la actividad individual, para lo que se tendrá que prever el tiempo que cada uno puede pasar también por separado con el bebé y así dejar cumplir a la pareja con sus actividades individuales o de ocio, también se deben trabajar los momentos de los que dispone intimidad la pareja, para que éstos sean de la mayor calidad posible, ya que uno de los principales problemas que aparece al tener el primer hijo suele ser el abandono de la relación sentimental que deja de recibir la misma atención por parte de los progenitores que ahora tienen otras obligaciones importantes.
Sea cual sea el área deberás trabajar en dos puntos fuertes, la organización y la comunicación con tu pareja, así quedarán claras las necesidades de cada uno, podréis priorizar, crear planes de acción, demandar o ceder cuando sea necesario.

 

 

Psic. Laura Ruiz Jurado

Artículo publicado en diario web El Económico

http://eleconomico.es/hemeroteca   (926 / 02-02-18)

 

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