Tu psicóloga de confianza en Puerto de Sagunto

La mayoría de las personas necesitamos escuchar lo más parecido a nuestros propios pensamientos alejándonos de lo que no encaje con ellos y, consiguiendo así, no entrar en conflicto con nosotros mismos ante ideas totalmente dispares. Esto nos dice la Teoría de la disonancia cognitiva elaborada por Leon Festinger, en 1957. Y es que, a veces; olvidamos, distorsionamos o reinterpretamos lo que intentan hacernos llegar. Lo que es distinto a nosotros: lo adaptamos. Para que se parezca. Así, no hay confusión. Adaptamos la información a lo que mejor nos venga creer dejando de lado la cuestión de si podríamos o no haber aprendido de ello. De esa manera lo hacemos, por ejemplo, al escoger los canales de televisión que cuenten con la ideología que más se ajuste a nosotros. Al cambiar de tema ante los conflictos morales que plantee un amigo en la mesa. Al hablar con fuerza para escuchar tan solo nuestros propios pensamientos (si no estamos de acuerdo con lo que oímos).
Además de todo ello, lo mismo que nos cuesta aceptar la diferencia de opiniones, también nos cuesta aportar la nuestra si no vamos a sentirnos realmente apoyados. Según la Teoría de la espiral del silencio, de la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, tendemos a guardarnos nuestros argumentos para nosotros mismos y a no hablar si consideramos que no vamos a ser suficientemente apoyados por las personas presentes.
Como conclusión, según estas dos teorías, preferimos no escuchar lo que suena distinto a nuestros pensamientos y, por otro lado, preferimos no hablar si creemos que lo que digamos no va a ser bien acogido. En mi opinión, ambas posturas nos llevan a un grave problema social. Y es que podríamos enriquecernos mucho más entre las opiniones y argumentos diferentes de cada una de las personas pero, en cambio, no somos más ricos en conocimiento en este sentido, porque lo evitamos.
Por todo ello, aunque nuestras diferencias individuales nos podrían enriquecer, solemos tender a limitarnos a nosotros mismos alejándonos de la diferencia, de todo aquello que consideremos que puede hacernos replantear nuestras opciones o de escuchar posibles críticas que nos contradigan.
Nuestra realidad, irremediablemente, va anclada a nuestros aprendizajes. A nuestras experiencias y convicciones. Nadie ve, siente o escucha del mismo modo. Pero si no nos dejamos experimentar cosas distintas, si siempre necesitamos la opinión de iguales y no aceptamos la crítica o la diferencia, ¿cómo vamos a poder enriquecernos?, ¿cómo podemos cambiar de opinión ante el error?, ¿cómo vamos a acumular conocimiento?, ¿cómo mejoraremos si todos buscamos parecernos?
Un pensamiento crítico y reflexivo necesita irremediablemente plantearse este tipo de cuestiones y dar respuesta a ellas. Todos queremos sentirnos apoyados, puede que así sea más fácil. Sí que lo es, de hecho. Pero esto no siempre nos bastará, más bien en contadas ocasiones, para llevarnos a acumular nuevo conocimiento. Para permitirnos sentir qué estamos decidiendo por elección propia y no por no tener ninguna otra opción por falta de actitud crítica.

 

Laura Ruiz Jurado

Artículo publicado en diario web El Económico

http://eleconomico.es/hemeroteca   (975 / 08-02-19)

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