Tu psicóloga de confianza en Puerto de Sagunto

La posverdad ha llegado para quedarse. Para quien no sepa aún qué significa este concepto, a modo de resumen breve, diré que se trata de una manera de contar mentiras como si fueran reales a través de los medios y especialmente en política, aunque no necesariamente solo aquí. Sí, sé que esto siempre ha existido, que no es nada nuevo. Sin embargo, con Internet y las redes sociales al alcance de muchos, la cosa se multiplica. Que una noticia se convierta en viral queda a tan solo un clic de nuestro dedo y, claro, muchos son los sedientos de que esto sea así.
Las noticias más sensacionalistas son aquellas que aparecen en las primeras posiciones. Cuanto más apelen a nuestras emociones (indignación, ternura, rabia), más heridos quedaremos con ellas. Las compartiremos por nuestra red social en un grito al mundo sobre nuestra identidad y haremos, así, ganador al autor de la obra. El problema vendrá cuando la información que nos llegue, compartamos y juzguemos; no sea real.
Todos sabemos lo rápido que se generan los bulos. Nos encanta hablar del resto siempre que no seamos el foco de atención. Mientras tanto, compartimos sobre los efectos destructivos que causa, al parecer, un alimento de toda la vida. Sobre los efectos milagrosos de ciertas terapias alternativas o rituales meramente caseros. Y, así, toda clase de información que, como hemos dicho, nos toque y deje hundidos emocionalmente hablando. Lo contamos a la pareja, a los amigos y al vecino con el que no nos hablamos desde hace unos años, a modo de ritual conciliador. A menudo, todo sin contrastar.
A las noticias diarias en televisión o prensa se suma Internet y la avalancha de información de todo tipo. Recibimos noticias que se hacen eco entre los medios provocando toda clase de reacciones entre la gente de a pie. Estarán los que siempre salgan en defensa de los malparados por la información, sean quienes sean, mientras otros les quemarían en la hoguera de vivir unos cientos de años atrás. Así a bocajarro. Aunque, a menudo, no existan datos concluyentes sobre las afirmaciones que se dan por verídicas. Al parecer las personas que las recibimos podemos cometer el error diario de compartirla, juzgarla y sentenciar sin saber. La cosa en cambio es más seria. No se trata de mirar y juzgar sin más. Se trata de que participemos de manera activa en la información. Que decidamos qué tipo de información queremos localizar y cómo trataremos esos datos que nos lleguen. Es decir, educarnos para conseguir que la información sea más libre y veraz. Pero para ello debemos estar capacitados y ser más críticos a la hora de recibirla, tomando medidas como por ejemplo:
  • Observar quién envía la información.
  • Asegurarse de que algún profesional la firma.
  • Descartar perfiles falsos.
  • Identificar si hay un medio solvente detrás.
  • Usar tu sentido común para determinar la verosimilitud.
  • Buscar más datos en Google y contrastar.
  • Preguntar a expertos sobre el tema.

 

Laura Ruiz Jurado

Artículo publicado en Diario web El Económico

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