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La manera en que los padres guían la conducta de sus hijos para conseguir una adaptación adecuada a nivel personal y en sociedad, responde al nombre de pautas de crianza o estilos educativos, según el tipo de educación que empleen los progenitores o las pautas más comunes a las que recurran, éstas repercutirán de manera positiva o negativa en el desarrollo tanto psicológico como emocional de los niños.
Debemos tener en cuenta que los padres a su vez también fueron niños un día, y aprendieron de las pautas educativas de sus padres o tutores en ese momento, es decir, adquirieron aprendizajes, valores y creencias, algunas influidas por el entorno familiar y otras por la cultura o la sociedad. A la hora de ser padres, cada uno de los dos miembros aterriza en la aventura con un estilo educativo diferente, estilo que han creado según esas experiencias de aprendizaje, según su cultura y otras influencias, y ambos se unen para criar al nuevo miembro de la familia que aprenderá a su vez de los dos estilos educativos de sus progenitores. Por tanto, según el estilo educativo implantado, éste repercutirá a nuestro hijo, de ahí la importancia de revisar si es el estilo adecuado para un desarrollo sano, en concreto desde la psicología cognitivo-conductual se considera adecuado un estilo educativo democrático, desde aquí el aprendizaje del niño se basa en el cumplimiento de unas normas básicas a la vez que se fomenta el diálogo y el razonamiento crítico, desde este estilo educativo los niños y adolescentes adquieren una autonomía que les beneficia en un desarrollo adecuado de su autoestima, siendo más competentes a todos los niveles y presentando en muchas menos ocasiones problemas de conducta.
Por el contrario, debemos evitar estilos educativos basados en una tendencia permisiva, o incluso en casos más extremos, indiferente, ya que son estilos que más que educar dejan libertad al niño para tomar sus propios criterios y decisiones en cada momento, no se le guía en su evolución y en su desarrollo, son padres receptivos que no aplican un orden con normas y obediencia dentro y fuera del hogar, lo que provoca adolescentes con más debilidades en general, que a pesar de que en ocasiones puedan tener una buena autoestima, suelen tener problemas para regularse en el área emocional, así como tener un peor rendimiento académico. Tampoco es acertado irnos a su opuesto, el estilo educativo autoritario, ya que en este caso descuidaríamos ser receptivos, dejando más de lado la parte comunicativa y emocional y centrándonos más en dirigir y controlar a cada paso el desarrollo de los hijos, desde aquí los niños y adolescentes suelen presentar habilidades competentes de cara a los estudios por ejemplo, pero no presentan una adecuada autoestima ni buenos recursos en el ámbito social.
En resumen, educar no es una tarea fácil, requiere mucha responsabilidad y sentido común a la hora de comprender que tus actos influirán de alguna manera al futuro de tu hijo.

 

Psic. Laura Ruiz Jurado

Artículo publicado en diario web El Económico.

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