Tu psicóloga de confianza en Puerto de Sagunto

Hace tiempo ya que he ido apreciando un comportamiento entre la sociedad que me llama mucho la atención. Ya hemos hablado muchas veces de que esas actitudes que buscan la perfección no son convenientes, más que nada porque aquellos quienes las busquen se van a frustrar cientos de veces a lo largo de sus vidas. Nadie es perfecto. Pero hoy hablo de otro tipo de perfección, de esa que no es demasiado autoexigente, sino que está bien. Que es correcta, adecuada. ¡Vaya! Lo que tiene que ser. Me da la sensación últimamente de que lo que está bien hecho no cae muy bien entre algunas personas. Quizá puede que en ocasiones se trate de una búsqueda de compensar sus propias situaciones, a veces no estar pasando por un buen momento personal nos impide valorar otras posibilidades como acertadas. O puede que se deba a un mecanismo de autoprotección ante la falta de habilidades o recursos propios. El caso es que son muchos los contextos en los que escucho cómo se ridiculiza o se resta importancia a la idea de hacer bien las cosas. Contextos como:
  • Pronunciar correctamente un idioma.
  • Educar adecuadamente a los hijos.
  • Llevar una vida ordenada y saludable.
  • Realizar varios estudios o sacar buenas notas.
  • Arreglarse o cuidarse físicamente en base a los gustos o preferencias
  • Tener éxito laboral y/o económico.
  • Hablar con respeto a la pareja, padres o hijos.
Criticamos lo que está bien hecho, con frases como “¿eso no es pasarse?”, “¿esto no es ser demasiado correcto?”, “¡suena ridículo!” o “¿y quién lo hace así?”. También se critican estas acciones, que recordemos que son correctas, mediante el uso de gestos de desaprobación, tonos sarcásticos o juicios directos hacia la otra persona. Y mi pregunta es ¿qué queremos entonces? Nos quejamos de que muchas cosas van mal, de que tenemos problemas o que nos podría cambiar la vida si lo hiciéramos distinto. Pero castigamos lo correcto como si hubiera que hacer justo lo contrario. Te pongo solo un par de ejemplos de cómo sería al revés, ¿qué ocurriría si juzgáramos a quien no sabe pronunciar bien un idioma riéndonos de él?, ¿y si señaláramos con el dedo a quien va con aspecto desaliñado por la calle? Algo irrespetuoso, ¿verdad?
Personalmente, opino que es bastante peligroso andar etiquetando de negativo lo adecuado y de positivo lo que no debería ocurrir, sea el motivo que sea por el que suceda. No creo que sean las personas en sí mismas las únicas responsables. Considero que es un problema más profundo que radica en la base educativa que tenemos en la sociedad. Si nos enseñaran a creernos capaces y merecedores de una vida distinta hecha a nuestra medida y nuestra propia elección… Si nos regalaran autoestima y habilidades enseñándonos cómo usarlas y sacar el mejor provecho de todo ello para sentirnos más felices, más seguros o más reflexivos, otro gallo cantaría mañana. Y a vosotros, ¿qué os parece?

 

Psic. Laura Ruiz Jurado

Artículo publicado en diario web El Económico

http://eleconomico.es/hemeroteca   (964 / 16-11-18)

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