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La comida, el peso y en general, los hábitos alimentarios, son tanto necesidades fisiológicas básicas para la supervivencia de cualquier individuo, como temas principales en nuestras vidas que aparecen a diario en nuestros hogares, y son aspectos que guardan una estrecha relación con nuestros estados emocionales. Los alimentos que ingerimos cada día influyen en nuestra salud general y por tanto, también a nivel emocional.
En un mundo globalizado como el nuestro, los problemas relacionados con la alimentación y el peso no paran de aumentar entre la población, presentándose casos a diario en la clínica psicológica. Diversos factores socioculturales hacen que exista una mayor tendencia a esos deseos de bajar un par de kilitos, así como a estilos de vida en los que las dietas y el deporte ayuden a conseguir un cuerpo estilizado, a la vez, también aparece con fuerza una tendencia al sobrepeso y a la obesidad, es decir, factores que hacen que tanto por un motivo, como por otro, nos preocupe el tema de la alimentación y que además, están directamente relacionados también con variables psicológicas.
En las consultas podemos advertir como ciertos cambios en el patrón alimentario, reduciendo o aumentando la cantidad de ingesta, pueden alterar la salud o pueden tener la función de síntomas avisando de un desajuste psicológico y emocional. En los casos de personas que presentan cuadros depresivos, éstas pueden reaccionar ante la alimentación con una pérdida notable del apetito, o por el contrario con un aumento considerable de éste, según las diferencias individuales, según el nivel personal de autoestima, la falta de actividad diaria y el significado que se le otorgue a la comida, por ejemplo, a muchas personas les puede ayudar en determinados momentos de su vida a refugiarse de sus problemas. Ante casos de personas con niveles altos de ansiedad o estrés, la persona en cuestión, también puede recurrir a un aumento de la ingesta general, con una tendencia normalmente a la búsqueda de alimentos ricos en azúcares, grasas y calorías en general, ya que consiguen satisfacer rápidamente a la persona y calmar los nervios. La alimentación es también un tema principal a la hora de referirnos a los trastornos de la conducta alimentaria, tales como la anorexia o la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón o el trastorno de la conducta alimentaria no especificado.
Diferentes estudios demuestran que ciertos alimentos influyen en nuestro estado anímico, como es el caso del chocolate que puede provocar emociones placenteras o el exceso de alimentos grasos, en principio en una búsqueda de calmar nuestros nervios. Muchas son las personas que a pesar de estar continuamente intentando mantener una alimentación equilibrada, no consiguen un cambio estable a largo plazo, es importante analizar aquí si pueden estar influyendo factores psicológicos, o emocionales, que estén perturbando nuestros hábitos saludables e impidiendo ser persistentes en la consecución de una dieta sana, que recordemos, es aquella que aporta los nutrientes necesarios para una salud y estado emocional equilibrados.

Psic. Laura Ruiz Jurado

Artículo publicado en diario web el Económico

http://eleconomico.es/hemeroteca/           (781 / 23 – 01 – 2015)

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