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Es común que entre la población se defina la agorafobia como un problema de ansiedad o temor por parte de la persona que lo sufre a los espacios abiertos, sin embargo, esta afirmación es demasiado limitada, ya que en realidad el problema de agorafobia abarca mucho más que eso. Se trata del miedo a encontrarse en situaciones en las que en caso de que la persona crea que puede llegar a sufrir un episodio de ansiedad o pánico elevado, así como situaciones comprometidas diversas, crea a su vez que por el tipo de situación sería complicado recibir ayuda o escapar de ella. Las situaciones temidas pueden ser muy variadas, desde pasear por plazas concurridas, hasta estar solo en una cafetería, tomar transportes públicos, permanecer en un atasco con el coche, hacer cola en un supermercado, viajar lejos de casa, estar en un campo de fútbol o en un teatro, etc.
Normalmente, las personas que sufren un trastorno de agorafobia la padecen como un trastorno asociado al ataque de pánico, es decir, antes de comenzar a desarrollar este problema, la persona puede que haya comenzado a sentir miedo o a tener ansiedad y que estos síntomas que aparecen de manera intensa al sufrir un ataque de pánico se hayan convertido en el principal temor para ella, es así como al sufrir los ataques de pánico en diferentes situaciones, la persona comienza a temer también esas actividades o lugares en los que apareció la ansiedad, creyendo erróneamente que no puede practicarlos sin que aparezca su estado ansioso, y por tanto, empieza a evitar cada vez más y más situaciones a las que debe enfrentarse reforzando así el miedo y el problema de agorafobia. Es importante señalar que aunque sea común el diagnóstico de trastorno de pánico con agorafobia, en cualquier caso se puede sufrir uno de estos trastornos por separado, el de pánico y el de agorafobia.
La agorafobia se puede tratar mediante terapia cognitivo-conductual con muy buen pronóstico de recuperación, para ello hay que tomar ciertas medidas importantes, como acudir a terapia en cuanto el problema aparezca o no acomodarse con la toma de alguna medicación ansiolítica, ya que esto podría cronificar o complicar la recuperación del problema a largo plazo. En caso de estar tomando ya una medicación ansiolítica, su terapeuta le indicará la manera de proceder junto con su médico o psiquiatra para ir retirando paulatinamente la medicación a medida que la intervención avanza.
Una de las maneras de afrontar este trastorno es mediante la exposición gradual a los estímulos temidos, es decir, adquirir herramientas de exposición para poder controlar los pensamientos negativos y el estado ansioso, y así poder exponerse a las situaciones de manera controlada para ir ganando otra vez la seguridad en el control de uno mismo. Sin embargo, con la intención de evitar malas experiencias por falta de recursos o preparación adecuada, es recomendable que programes estas exposiciones con un especialista que pueda ayudarte a conseguir el mayor éxito terapéutico.

 

Psic. Laura Ruiz Jurado

Artículo publicado en diario web El Económico

 

http://eleconomico.es/hemeroteca   (901 – 14/07/17)

 

 

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